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POR EL LABERINTO AZUL

  • Foto del escritor: Jaime Becerra Arriagada
    Jaime Becerra Arriagada
  • 23 mar 2025
  • 11 Min. de lectura

El emir Sidi Ali Ben Rachid, fundador de la ciudad de Chauen en 1471, se enamoró en Vejer de la Frontera (Cádiz) de Catalina Fernández y su amor fue correspondido; Catalina se convirtió al Islam, se hizo llamar Lalla Zohra y se casó con el emir.

Texto y fotos/ Jaime Becerra

La medina es un pequeño laberinto donde sus habitantes conviven con los turistas.  /Foto Jaime Becerra
La medina es un pequeño laberinto donde sus habitantes conviven con los turistas. /Foto Jaime Becerra

Pero esta historia de amor se vio alterada con la caída del reino nazarí en Granada y la pareja tuvo que huir al otro lado del estrecho. Se asentaron en un poblado bereber, en las montañas del Rif y Lalla añoraba su pueblo. Para apaciguar su melancolía, Rachid construyó una medina similar a Vejer, con calles irregulares y casas blancas.


"Actualmente, Chauen es uno de los destinos más visitados de Marruecos"

En los años 70 del siglo pasado, jipis y aventureros descubrieron una medina pintada de azul, rodeada de montañas, con buen hachís y la pusieron en el mapa. En los 90, Chauen vive la llegada de visitantes gracias a la mejora de infraestructuras para el transporte y el turismo. Su medina ganaba fama y aparecía en guías de viaje, documentales y prensa. En 2019, una línea de bajo coste inició sus vuelos a Tetuán y las redes sociales hicieron el resto, posicionando a la ciudad como uno de los destinos más visitados de Marruecos.


Callejuelas que suben y bajan entre paredes azules tapizadas de colores.  /Foto Jaime Becerra
Callejuelas que suben y bajan entre paredes azules tapizadas de colores. /Foto Jaime Becerra

La que mira los cuernos

Chefchaouen (Chauen) está al norte de Marruecos, a 540 m de altura en las montañas del Rif, tiene 44.000 habitantes, dista 63 Km de Tetuán y es la capital de la provincia de Chauen.

El nombre de la ciudad, según los chauníes, nace del árabe coloquial shuf (mira) y el bereber arabizado ashawen (los cuernos), en referencia a los picos que la rodean: el Jbel Kelaa (1.616m) y el Tisoukka (2.122m). Así, Chefchauen significa: “la que mira los cuernos”.


Chauen entre las montañas del Rif. Abajo a la izquierda, el cementerio.  /Foto Jaime Becerra
Chauen entre las montañas del Rif. Abajo a la izquierda, el cementerio. /Foto Jaime Becerra

El principal atractivo es su medina llena de callejuelas que suben y bajan entre paredes azules. ¿Por qué el color azul? Unos te cuentan que los primeros judíos que llegaron a Chauen, expulsados por los reyes católicos, pintaron las paredes de azul según su religión y cultura. Otros apuntan a que el azul ahuyenta a los mosquitos; llevar ropa de colores como el verde, el morado, el azul y el blanco, repelen a los mosquitos según un estudio de la Universidad de Washington en 2022.


Callejuelas, escaleras, cuestas y arcos entre azules. /Foto Jaime Becerra
Callejuelas, escaleras, cuestas y arcos entre azules. /Foto Jaime Becerra

La ciudad prohibida para los cristianos

Durante siglos la zona del Rif prohibía la entrada a los infieles cristianos, por eso no se supo de Chauen hasta finales del SXIX y gracias a quienes lograron entrar a la ciudad.

Charles Foucauld fue el primero en 1883, entró disfrazado de rabino; después lo hizo Walter Burton Harris, periodista de The Times que hablaba árabe y tenía rasgos norteafricanos. Se disfrazó de rifeño, entró y lo contó al mundo.


"La ciudad fue fundada en 1471 por Ali Ben Rachid para frenar la invasión portuguesa"

Chauen, como la llaman los locales, la funda en 1471 Ali Ben Rachid para frenar la invasión portuguesa que había tomado Asilah y Tánger. Eligió este enclave protegido para controlar el valle. Ali Ben Rachid levantó su residencia, la Alcazaba y creo Sueka, el primer barrio de la medina que acogió a los expulsados por los reyes católicos y Felipe III de los reinos cristianos: judíos, andalusíes y moriscos trajeron prosperidad al poblado.

Se levantó Yamaa el-Kebir, la mezquita mayor, se construyeron albergues para los mercaderes, una madraza y el primer baño público, el Uta el-Hamam, que aún se conserva en la famosa plaza del mismo nombre.


Plaza Hamam con el muro de la Alcazaba.  /Foto Jaime Becerra
Plaza Hamam con el muro de la Alcazaba. /Foto Jaime Becerra

De la muerte de Ali Ben Rachid a la ocupación española

Con la muerte de Ali Ben Rachid a manos de los portugueses en 1512, su hijo Ibrahim Ben Ali Ben Rachid, hombre de gran formación científica y religiosa, quedó al mando para seguir construyendo la medina.


Cuatro siglos más tarde, en 1920 y durante la Guerra del Rif, Chauen es ocupada por tropas españolas que, sorprendidas, encontraron una comunidad sefardí que hablaba ladino (judeoespañol) en la medina.

Cuatro años más tarde, el levantamiento de Abd el–Krim tiene éxito y la guarnición de soldados españoles escapa con más de 2.000 bajas. Dos años después, Abd el-Krim es derrotado por la alianza franco-española y Chauen pasa a ser protectorado español desde 1926 hasta 1956, cuando Marruecos consigue la independencia.


"Mi sugerencia es visitar Chauen en temporada baja, entre octubre y mayo para disfrutar la ciudad"

Llegada al Riad con porteador

En la estación de autobuses cojo un taxi que me deja en la Plaza El Makhzen, a los pies de la Medina donde no entran coches y todo son cuestas, escaleras, escalinatas y un suelo empedrado. Un chico me ofrece subir la maleta al Riad Nerja y acepto. Se llama Amir y le pregunto cuánto me cobrará: “20 dirham”, me responde, son 2 euros y no lo dudo. Amir cogió la maleta y voló entre personas, cuestas, callejones, escaleras y en minutos dejó la maleta en la puerta de mi habitación sin despeinarse.


En la medina, hacer ejercicio es obligatorio pero se lleva bien. /Foto Jaime Becerra
En la medina, hacer ejercicio es obligatorio pero se lleva bien. /Foto Jaime Becerra

Ya era de noche y para ser invierno no hacía frío. Salí a dar una vuelta, una primera toma de contacto con una lista de sitios para ver, pero rápido comprendí que lo mejor era perderse, descubrir rincones y atravesar arcos, subir y bajar escaleras, con preguntar llegas a todos lados y la medina no es muy grande.

Para comunicarse no hay problema, la mayoría entiende español y francés. Son gente expresiva, muy amables y atentos. Aquí el tempo es sosegado y la prisa no abunda, “la prisa mata”, dice un viejo proverbio árabe.


De la medina a elegir menú

Por el camino huelo nuevos aromas y me empacho con los tonos de azul, la medina me lleva con ritmo pausado mientras el apetito aflora. Voy a la plaza Uta Hamam, junto a la Alcazaba, donde hay varios restaurantes con sus “captadores” que te abordan de forma inmediata. Te ofrecen “la mejor comida de la zona” para que entres a su restaurante. Uno te dice que por 90 dirham (9€) tienes tres platos: primero, segundo, postre y te regala un té de menta. Otro ofrece lo mismo pero por 80 dirham (8€) más el agua de regalo. Las ofertas son similares y los restaurantes también, así es que me decido por uno al azar.


"Comer en Chauen es económico y con productos de la zona para la elaboración de los platos"

Pido una ensalada de aguacate con queso cremoso de cabra y gambas, un Cuscús de cordero y pollo y un té de menta. Estaba todo muy bueno y el servicio atento y rápido. Con la cena pedí una cerveza 0,0 fuera de menú, en Marruecos la venta de alcohol está prohibida. La cerveza era española y costaba 30 dirham (3€) que, más 80 dirham (8€) del menú, en total fueron: 110 dirham (11€). La cena en la terraza fue agradable y muy entretenida mirando el trasiego de la plaza.


Ensalada de queso con gambas y cuscús de cordero y pollo. /Foto Jaime Becerra


En la parte de arriba de la medina hay restaurantes desperdigados y pequeños locales donde comen los chauníes. Cené en uno y la comida estaba fresca, elaborada con esmero y observando otra realidad fuera de la zona turística. También hay cafés con terracitas que sirven cafés, tés, infusiones, agua, refrescos y dulces típicos marroquíes pero no tienen comida salada.


La medina “instagrameable”

Segundo día y después de un buen desayuno en la terraza del Riad, voy a los lavaderos de Ras el Ma para después continuar hasta la Mezquita Bouzafar o Mezquita española.

El Manantial Ras el Ma provee de agua a Chauen y fue clave para su fundación.

Al llegar ves el riachuelo y un mercadillo sobre un puente, entre chilabas y gorros, se asoma un puesto de zumos de naranja, un hombre con pavos reales y otro con prendas regionales, ambos escenarios para hacerse fotografías de recuerdo. Junto al riachuelo están los antiguos lavaderos que ahora acogen terracitas para beber refrescos y comer.


Mercadillo sobre el puente con los lavaderos al fondo y puesto de zumos. /Foto Jaime Becerra


La Medina es muy “instagrameable” y eso atrae a la gente para hacer y hacerse fotos y vídeos. Hay tantos turistas como gatos en las callejuelas de la medina, y gatos hay por todos lados.

La demanda trajo el negocio y para fotografiar algunos rincones hay que pagar entre 5 y 10 dirham (0,50- 1€) que cobran los vecinos por grabar o fotografiar sus “platós”.


Posando para Instagram I Gatos por toda la medina I Plató para turistas. /Fotos Jaime Becerra


Subida a la Mezquita española

Nada más cruzar el puente del mercadillo hay unas escalinatas que suben al sendero que va a la Mezquita Bouzafa o Mezquita española. El camino es sencillo pero, según la edad, puede resultar más o menos exigente. Se recomienda calzado de suela gruesa, el terreno es irregular con una pendiente no demasiado empinada pero continua. El trayecto es de unos 25 minutos y según subes, aparecen unas estupendas vistas de Chauen, su valle y sus montañas. Yo subí por la mañana pero las mejores vistas son al atardecer, cuando el sol cae y las luces de la ciudad se encienden. Por cierto, la Mezquita española nunca se ha usado como mezquita y se construyó entre 1928 -1931.


Primer tramo de subida con buen empedrado I Vistas de Chauen según vas subiendo  /Fotos Jaime Becerra


Bajar de la Mezquita es más rápido y pude seguir recorriendo la medina antes de comer. Después de entrar por un callejón, toparme con un muro y ver mucha gente saliendo de la Gran Mezquita después del Dhur (rezo de las 13:08 h), me encontré en la plaza Uta Hamam donde había una manifestación de apoyo a Palestina. Me explicaron que se hacía todos los viernes a esa hora.


"La manifestación en apoyo a Palestina se hace todos los viernes después del Dhur, rezo de las 13:08 h"

En esta plaza están los primeros baños públicos de la medina y la Alcazaba, fortificación que dio originen a la ciudad y la protegía. En su interior hay un jardín andaluz, el museo etnográfico y las antiguas celdas donde estuvo encarcelado Abd el Krim en 1926. Entrar cuesta 6€ por persona.


Manifestación en apoyo a Palestina y ajetreo en la Plaza Uta Hamam / Fotos Jaime Becerra


En Chauen hay tasa turística

Volví al restaurante donde cené la noche anterior, me resultó cómodo repetir y ya nos conocíamos. Tomé una sopa de verduras, un tajine de cordero, agua y un té de menta, un menú excelente y abundante, destaco la sopa de verduras, estaba espectacular. Todo por 80 dirham (8€).

Hablando de dinero, Chauen tiene una tasa turística de 1€ por persona y noche, la cobra el hotel o Riad donde te alojas. El precio de la reserva en grandes plataformas no suele incluirla, por eso no te extrañes si te la cobran al llegar.


Después de comer me fui de tiendas por la medina; una de jabones y fragancias, la de un diseñador de bolsos, carteras y calzado en cuero muy colorista, otra de alfombras y un taller con máquinas de coser Alfa donde las telas terminan en delicadas prendas.

En la Plaza El Makhzen, junto al Hotel Parador, está la “Cooperative lala Manana”, un espacio con locales donde trabajan los artesanos y exponen sus creaciones, es un ambiente muy tranquilo y merece la pena hacerle una visita.


Tienda de jabones y fragancias I Tienda de un diseñador de artículos en cuero /Fotos Jaime Becerra


Al caer la tarde regreso a la plaza Uta Hamam, es el epicentro de la medina y punto no confesado de encuentro. Me adentro por una callejuela adyacente y veo un puesto con dulces marroquíes que es imposible ignorar, compro un par de ellos que eran gloria bendita, estaban deliciosos.


La medina de Chauen es subir y bajar todo el rato, y está muy bien, pero al final de la jornada se nota el cansancio del día y pasito a pasito me fui en dirección al Riad, pero antes cené en un local de la medina. Pedí un Shawarma de pollo, patatas fritas, salsa picante y un zumo por 60 dirham (6€), todo elaborado con productos de la zona.


La medina de Chauen es subir y bajar constantemente I Local de comida donde cené /Fotos Jaime Becerra


Las cooperativas de Chauen

Es mi último día en la ciudad y vuelvo al mercadillo junto a los lavaderos, por el camino descubro nuevos rincones interesantes, aprovecho para comprar algunos recuerdos y me entero del sistema de cooperativas artesanas que producen artículos que se venden en la medina. Las telas, alfombras y el trabajo en cuero marroquíes tienen fama mundial por su gran calidad.

Una de ellas es la de mujeres en riesgo de exclusión apoyadas por la ONG española Codespa y la Fundación Banco Santander para su cooperativa textil, Douar Tanafelt.


Desayuno incluido en el Riad I Los artículos en venta provienen de cooperativas de la ciudad /Fotos Jaime Becerra


La última noche decido llevar la cena al Riad y sentarme en su azotea, ellos no tienen restaurante, solo sirven el desayuno por la mañana atendido de forma muy agradable por Anae, Oussama y Mohammed. Antes pregunté a Mohsin, el encargado del Riad, si podía llevarme la cena y me dijo que sin problema, que estaba en mi casa.

En la azotea disfrute de una noche maravillosa, una rica cena y una luna que asomaba entre las nubes por encima de las montañas.


"En mi opinión, tres días es el mínimo para conocer la medina, su cultura y su tempo"

Conocer Chauen y su gente dependerá del tiempo que estés. Si es en tour organizado de un día, ya te guiarán; si es por tu cuenta, quizás un listado de sitios te ayude, pero ocuparás más tiempo en Google Maps que en disfrutar lo que te rodea. En mi opinión, tres días son el mínimo para conocer la medina, su cultura y su tempo.


Ronda y Vejer hermanadas con Chauen

La medina de Chauen esta llena de rastros que delatan los lazos entre España y Marruecos, como esas máquinas de coser Alfa del taller de costura, los carteles de las calles y los rótulos en árabe y español, el parecido de la medina con la ciudad de Vejer, en Cádiz, o esas recetas marroquíes que cruzaron el estrecho de Gibraltar y se quedaron en los pucheros andaluces. Hay mucho en común y a la vez, grandes diferencias.

A mediados de los 80, los reportajes sobre Marruecos se solían titular con el manido pero certero: “Tan cerca, tan lejos”.


Máquina de coser Alfa en un taller de costura I Nombres de calles y rótulos en español /Fotos Jaime Becerra


La relación entre ambos países es fuerte, tanto en lo comercial como en lo cultural. Así lo confirman las ciudades españolas de Ronda y Vejer. Ronda se hermana con Chauen en 1993 conectadas por Abu Al Baqa Al Rundi, un poeta, escritor y crítico literario que escribía en árabe. Nació en Ronda en 1204 y allí escribió ul-Andalus, una elegía de la conquista cristiana de Al Andalus. Por su parte, Vejer de la Frontera se hermana con Chauen el año 2000 a raíz de la historia de amor de Sidi Ali Ben Rachid y la vejeriega Catalina Fernández, que, convertida al Islam, pasó a llamarse Lalla Zohra.

Ambos personajes fueron pioneros en la construcción de la Medina de Chauen.


Tienda de alimentación y chuches con productos españoles. /Foto Jaime Becerra
Tienda de alimentación y chuches con productos españoles. /Foto Jaime Becerra

Ahora toca regresar, dejar el Riad, despedirme de Mohsin y los chicos; Mohammed bajó mi maleta hasta la plaza El Makhzen para coger un taxi a la estación de autobuses, el trayecto es de unos cinco o diez minutos y cuesta unos 20 dirham (2€). El viaje hasta Tánger dura dos horas y media. El autobús viene de Fez, para en Chauen, después en Tetuán y termina en Tánger donde cojo el ferry a Tarifa.


Estación de autobuses de Chauen I Ferry de Tánger a Tarifa /Fotos Jaime Becerra


Fueron pocos días pero intensos viviendo otra realidad, con un ritmo sosegado rodeado de un ambiente amable, siempre es interesante el cambio de cultura, de vivir en otro espacio diferente al día a día frenético de occidente. Viajar a Marruecos, a Chauen, es una terapia muy recomendable y económica.

 
 
 

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